miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA SEGURIDAD...INSEGURA


Por Adolfo Pérez Esquivel*Premio Nobel de la paz y vecino de San Isidro


Una y otra vez vuelven los personajes de turno; la diva del teléfono “Su”, reclama represión y pregona la pena de muerte para aquellos que supuestamente atentan contra la seguridad.

El mediático y divertido señor Tinelli y la señora de los almuerzos Mirtha Legrand tienen medios audiovisuales a su disposición y suman su reclamo y convocan a una reunión por la “seguridad”; están cansados y temerosos de que los pobres corten rutas, avenidas, y generen el caos ciudadano; están hartos de piqueteros que reclaman trabajo y seguridad para sus familias y la comunidad.

Los medios de incomunicación, comunican los desastres y anuncian el “Apocalipsis Now”; el Grupo Clarín y la Nación fogonean la campaña de desestabilizar al gobierno. La Pitonisa clama toda clase de calamidades y envía cartas a las embajadas, anunciando que la única garante institucional de la Nación es ella y nadie más.

Pretenden ignorar que el único garante de la democracia es el Pueblo. Josué de Castro, medico brasileño que fuera director de la FAO, en su obra La Geografía del Hambre dice: “Los pobres no duermen porque tienen hambre, y los ricos no duermen porque tienen miedo a los que tienen hambre”.

¿Cómo podemos trabajar y lograr que todos duerman sin sobresaltos y que, aquellos que más tienen, aprendan a compartir el Pan y la Libertad, con los que menos tienen?

Pero no, los personajes ricos y famosos televisivos reclaman “seguridad y mano dura contra los pobres”. Recuerdo a uno de mis profesores de filosofía, Galíndez, quien decía: “en el teatro griego los actores usaban máscaras y al terminar la función debían sacársela y volver a ser personas”. Hay personajes que continúan actuando y no quieren sacarse la máscara por miedo a ser personas. El profesor nos enseñaba: “es más difícil ser señor que doctor”.

Saquen sus conclusiones los personajes; es una buena lección. Hay que preguntarles porqué callaron cuando la Sociedad Rural y la Federación Agraria pararon el país durante 4 meses para desestabilizar y condicionar al gobierno y guardaron silencio frente a la voracidad económica del llamado “campo sojero y otras yerbas”; son quienes destruyen los montes y expulsan a los campesinos e indígenas; quienes durante el paro tiraron miles de litros de leche y alimentos de los camiones con acoplados en las rutas, mientras mas de 10 millones de compatriotas están en la pobreza. No pueden ignorar que los terratenientes y sus aliados imponen los monocultivos, la desertificación y contaminación, y todito esto lo hacen con total impunidad.

Pregunto: ¿Quién se hace responsable de las pérdidas sufridas por los afectados por el paro del campo? Deben saber que muchos sectores sociales trabajan y luchan contra la inseguridad; pero la visión y comprensión es distinta a la de los ricos y famosos...

¿Le preguntaron a un chico que vive en la calle, hambreado, castigado y marginado por una sociedad injusta, cuál es su seguridad? ¿Recorrieron alguna villa o asentamiento y preguntaron a los pobladores cuál es su seguridad? ¿Pensaron en los pueblos originarios a quienes los “empresarios del campo” les quitan las tierras, y los obligan a emigrar a la periferia de las grandes ciudades y formar piquetes para reclamar sus derechos?

Quienes acamparon 33 horas en la Avenida 9 de Julio no estaban ahí por gusto con sus bebes y niños; soportando frío, calor, presiones y la indiferencia social. Reclaman trabajo, no mendicidad; tuvieron el coraje de denunciar el clientelismo político de los municipios y a los punteros políticos y la falta de respuesta oficial.

El mismo reclamo se extiende en el país, como sucede en la Quiaca, cuando en enero cuatrocientos pobladores, la mayoría mujeres, se declararon en huelga de hambre con su hambre, para reclamar trabajo y condiciones de vida para sus familias.

La gente busca resolver sus problemas, y cuando no son escuchados por los responsables de los gobiernos provinciales y el gobierno nacional, se movilizan para lograr sus objetivos a través de acciones de resistencia no violentas.

En Tucumán hay “barrios privados”; sería bueno que los recorran aquellos que comen todos los días y tienen que hacer dieta para no engordar y se “sacrifican en el gimnasio”.

Comprobarán que han proliferado los “barrios privados”. Privados de luz, de agua, de asfalto, de escuela, de salud, de trabajo y de seguridad. Más privados imposible.

¿Se olvidaron del saqueo del 2001 y 2002, que sufrió el pueblo cuando sacaron todo el capital del país y dejaron a muchos con una mano adelante y otra atrás, y los ahorristas en el corralito vieron esfumarse sus ahorros?

Necesitamos hacer un esfuerzo todos los sectores sociales, culturales, políticos y religiosos para recomponer el cuerpo social y no para destruir. Hay que aprender de los trabajadores de las fábricas recuperadas y de los campesinos, pequeños productores rurales; son ejemplos de resistencia social y tienen propuestas concretas.

Se está desatando una campaña con ánimo golpista; vemos una exacerbación permanente para desestabilizar al gobierno y provocar la violencia desde lo verbal a lo social y estructural. Critican hasta los 180 pesos por niños. Cualquier cosa que hace el gobierno está mal, pero no proponen nada mejor.

Los medios de comunicación manipulan la información y aumentan las tensiones y conflictos; reclaman “libertad de prensa", confundiéndola con "libertad de empresa”, gritan y vociferan contra la Ley de Medios Audiovisuales. Callaron durante 25 años la ley impuesta por la dictadura militar, con la cual estaban conformes porque les garantizaba el monopolio de los medios y control de la información del país.

Estamos frente a un “aquellare político y social” que pocas veces vivió el país, cargado de fuerte virulencia contra el gobierno. Es preocupante y peligroso. Soy crítico del gobierno y lo manifiesto públicamente; hay acciones políticas contradictorias que no comparto por su incoherencia entre el decir y el hacer; pero hay que encontrar alternativas sociales, culturales, económicas y políticas.

Hace tiempo que se siente un fuerte olor podrido en el ambiente, cargado de palabras devaluadas y violentas, que van más allá de ser oposición política; se siente mal olor al estilo hondureño que pone en riesgo la democracia.
Al gobierno hay que sostenerlo, más allá de si estamos o no de acuerdo con su política, personalmente no lo estoy, y reclamarle y exigirle que corrija los errores políticos que atentan contra el pueblo; reclamarle transparencia y ética en el ejercicio de su función y gobernabilidad.

Los que disponen de medios de comunicación tienen la responsabilidad de actuar con sabiduría y prudencia y no utilizarlo con actitudes golpistas.com. El otro camino es la complicidad para provocar la ingobernabilidad y enfrentamiento entre argentinos.

A los pregoneros que pretenden imponer la represión y la pena de muerte hay que decirles que son caminos del autoritarismo y regímenes dictatoriales que ha sufrido el país y el continente. No hemos luchado y sufrido para retroceder. El costo fue altísimo y las heridas aún duelen

Es necesario recomponer el cuerpo social y encontrar caminos superadores hacia un nuevo “Contrato Social” con nuestro pueblo y defender los espacios de libertad.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Razones para ser una buena docente (una autocrítica para el debate de nuestra práctica)

Partiendo del análisis de que nuestra tarea no es sencilla, las docentes podemos encuadrarnos en cuatro tipos: las que se agotan rápidamente y bajan los brazos ante el desafío tratando de sobrellevar lo mejor posible la situación laboral, las que ponen todo su empeño por dar la batalla por un cambio y ofrecerles un mejor futuro a los/as alumnos/as en forma individual a costa de la salud y las frustraciones, las que buscan respuestas y aportes en forma colectiva y las que pasamos cotidianamente por las tres anteriores.
Sin embargo nos tocó un momento histórico que nos propone grandes desafíos. Es el fin del fin de la historia y con este desenlace el surgimiento por todo el mundo de colectivos que se organizan no sólo, diciendo basta a los atropellos, sino que van construyendo una nueva forma de vivir. Movimiento sin Tierra de Brasil, Zapatismo en México, Mocase en Santiago del Estero, Fábricas recuperadas y movimientos desocupados que producen bajo otra lógica, cocaleros en Bolivia, Vía Campesina y grupos antiglobalización en Europa, nuevos espacios para la cultura, pueblos originarios que se resisten a soportar 500 años más de explotación, movimientos feministas y ambientales. Todos recorren el mundo. ¿Cómo hacer para aportar como educadoras al desarrollo de estos colectivos y dejar de ser una pieza más del sistema capitalista y patriarcal? ¿Cómo dejar de reproducir en el aula una política que oprime a las grandes mayorías que son la suma de las supuestas minorías?

1) Nuestro trabajo construye cultura

Si bien se han librado grandes batallas para salir del rol de “apóstoles de la educación” para ser reconocidas como parte de la clase trabajadora (de ahí que muchas nos autodenominamos “trabajadoras de la educación”) esta nueva concepción a dejado muchas veces en un segundo plano nuestra labor social. Es decir: no somos cualquier trabajador. No producimos manufacturas ni manipulamos papeles (con todo el respeto que me merecen estos obreros), nosotras formamos subjetividades, transmitimos unos conceptos y no otros, damos el ejemplo, creamos valores sociales. Somos parte de la construcción de un futuro común.

2) Entender que el problema no lo tienen con nosotras sino con sus vidas

Y la lectora si es docente dirá: no me escuchan, no tienen modales ni valores, son violentos, me contestan mal, no hacen nada en clase ni en sus casas. Y puede que sea cierto pero nada lo hacen en forma conciente. No es la intención de ellxs arruinarse su futuro ni complicarnos nuestro trabajo. Hacen lo que pueden. Hacen lo que saben. Si no dicen: “Por favor” puede ser porque estén rodeados de personas que no tienen esa costumbre. Si dicen pocas palabras son las que utilizan para comunicarse en su entorno y las que siempre escucharon. Si pegan es porque les han enseñado una y mil veces, que así se resuelven gran parte de los conflictos. Si no hacen nada debe ser porque creen que ese hacer no los lleva a ninguna parte, no les conviene en el marco de las leyes de la oferta y la demanda: no sacan un provecho inmediato. Por más ganas que nos den, no aportamos nada enojarndonos con ellxs. Es sumar más violencia y desprecio a sus vidas y está claro que no suma sino que resta.

3) Los resultados de una buena educación se ven a largo plazo

El “no están aprendiendo nada” es relativo. Algo se aprende siempre de cualquier experiencia vivida. El gusto por la lectura rara vez surja de leer un cuento en clase con sueño y hambre, pero ese cuento puede abrir la puerta a un encuentro con la literatura en un futuro. Consuelo, actual vicedirectora jubilada de una Escuela secundaria y maestra toda su vida, fue sorprendida por un ex alumno ahora de treinta y cinco años que la buscó para regarle un libro recién publicado de su autoría. En la primer hoja decía: “a mi maestra de tercer grado Consuelo que me enseñó el amor por la escritura”.
También se puede aprender a ser pacientes si la docente lo es. A ser amable si la docente lo es. A ser puntual y no faltar al trabajo si la docente no lo hace. A luchar por la dignidad como nos enseñó Fuentealba o se puede aprender todo lo contrario.

4) Lxs alumnxs son víctimas de un sistema que lxs oprime

El año pasado tuve la posibilidad de conocer varias cárceles y ahora cuando veo los patios de los polimodales con baldosas frías de cemento y los chicos sentados contra la pared esperando que los diez minutos de recreo no pasen nunca y que la hora de salida llegue Ya, me acuerdo del patio del presidio de Sierra Chica. Por mejor actividad que se les plantee en el aula a los alumnos para trabajar, ellos siempre prefieren irse. En la escuelas se enseña la opresión: “Acá no se hace lo que te gusta”, “En el aula la que mando soy yo” y si tenés algún problema aparecen las sanciones, expulsiones o se arregla el conflicto en la dirección. Despertar el interés por el placer de enseñar y aprender debe ser una tarea de todas. La escuela debe ser un espacio de encuentro, de diálogo, de lectura, de escritura de comprensión de análisis y de planificación del futuro.

5) Hay que educar para la transformación y no para la adaptación

Esta es la gran divisoria de agua entre nosotras: o trabajamos para que algún día consigan trabajo y puedan soportar el patrón en una fábrica de la pesca o les damos elementos para que transformen su realidad inmediata, para que no se dejen avasallar. Que tengan elementos para conseguir un trabajo que les permita ser felices y que generen un entorno de amor y respeto.
Debemos enseñarles que es posible y necesario que vivan de otra manera y de ahí la fuerza de la consigna de nuestro colectivo docente: “No formemos explotadxs, eduquemos para la liberación”.

6) Los contenidos son importantes

Gran debate con pedagogas y directivos. No es que los contenidos no importan y los valores si o “lo importante es que aprendan a escribir”. Se trata de enseñar cosas que sirvan para su realidad. Tomarnos un tiempo para la reflexión y ver la forma de vincular lo que aprenden con su entorno. Cuando estaba en la primaria le dije a mi abuelo que me habían enseñado los ángulos en la escuela y él para evaluarme me preguntó: “¿qué ángulo es este?” señalando el rincón de una mesa rectangular y yo no supe contestar. Su reflexión fue: “las maestras no enseñan nunca la aplicación de las cosas”. Es momento de que levantemos la voz y le digamos al ministro de educación de turno que él y sus asesores difícilmente sepan lo que hay que enseñar a todxs. Simplemente porque “todxs” no viven “todxs” juntos ni le pasan las mismas cosas. Se trata de tener contenidos comunes pero construidos desde los chicos y no en base a las necesidades del mercado.

7) Tienen intereses distintos a los nuestros

No es que a los chicos y las chicas no les interesa nada, es que les interesan cosas distintas a las nuestras. En los barrios de la perfiferia donde es más compleja aún nuestra labor, les interesa la música sobre todo la cumbia y el reggetton, el fútbol, el sexo, las drogas, los mensajes de texto, chatear, mirar TV, algunas películas, que la gente que quieren esté bien, jugar con la Play station, sentirse deseados o deseadas, los celulares y las zapatillas, tener amigos, que nos les roben, que no vayan presos… Hay que escucharlxs sin juzgarlxs. Esos intereses son los que se le han fomentado desde el poder. Es una invasión de propagandas que les dicen las ventajes de tener el mejor celular y es la expectativas de ellxs de así poder ser parte de esta sociedad. ¿Quién les va a decir con esa intensidad y eficacia de la maravillas que aporta leer un cuento de Julio Cortazar?

8) Están en una búsqueda y por lo tanto nuestras acciones pueden boicotear grandes caminos

Somos el resultado de nuestras experiencias. ¿Fue ese partido del fútbol a los cinco años que un nene metió ese gol y varios dijeron que había talento, lo que me motivó a seguir jugando cada vez mejor? ¿Es esa maestra que le dijo a una nena “sos muy mala con la flauta dulce” la que le hizo perder el interés por la música y cerrar quizá para siempre la posibilidad de tocar un instrumento? ¿Es ese papá que te lee un cuento todas las noches el que te hace construir un amplio vocabulario y hacerte dar cuenta de la fuerza del lenguaje? ¿Es el otro papá que golpea frente a tus ojos a tu mamá el que te enseña que la vida es para sufrir? Necesitamos transmitir las mejores intenciones, darles ánimo, confiar en ellxs, levantarles el autoestima aplastada que tienen por creer que no son inteligentes, lindas y existosos como el modelo social impreso presente en su cotideaneidad.

9) El ejemplo también enseña

No es efectivo hablarles a los chicos de la importancia del esfuerzo sino tomamos evaluaciones escritas no porque la desprestigiemos pedagógicamente, sino porque no queremos corregir. No se les pude hablar de que no deben ser violentos mientras se le dice a una alumna gordita lo que le dijo un docente marplatense: “vos tenés que comer menos y estudiar más”. No se les puede decir que no sean vagos cuando nunca hacemos nada por la educación si es a cambio de plata. No podemos decirles que defiendan sus derechos cuando a nosotras nos arrebatan los nuestros a diario.

10) La única lucha que se pierde es la que se abandona

Se trata de intentarlo, de hacer caminos nuevos y para eso claro, hay que cortar maleza y transpirar. No es fácil cambiar la escuela, cambiar el estado, los valores, los mandatos sociales que viven en nosotras, pero vale la pena intentarlo. No podemos desperdiciar esta, nuestra única vida, en vivir mal. Desde que nacemos nos ofrecen como modelo de éxito una profesión, la búsqueda de la casa, el auto, los viajes, los hijos. No hay que conformarse. Eso es muy poco si no todas vamos a tener casa, si el auto nos lleva a lugares que no queremos ver y nos acompaña alguien que ya no nos interesa, si nuestros hijos e hijas van a vivir en un mundo de injusticias y guerras. El camino de la lucha es arduo pero genera una satisfacción de estar haciendo lo correcto que te convoca a ser feliz y a estar rodeada de las mejores compañeras y compañeros de ruta. Y ahí veremos si la escuela no sirve para nada.

Lucía Gorricho
Grupo Docente América Libre
Mar del Plata

sábado, 24 de octubre de 2009

El silencio de los ¿Inocentes?

Se llamaba Juan Carlos Quiroz y tenía 15 años.

Se llamaba Juan Carlos Quiroz, tenía 15 años y el martes 20 de octubre se transformó en una víctima más del gatillo fácil de la bonaerense, forma sutil de decir que fue asesinado por la policía que, se supone, debe cuidarnos.

Según el fiscal, Dr. Villalba, los policías involucrados, cometieron el “error” de cruzarse de jurisdicción sin notificar a sus superiores, y de no notificar a la fiscalía del “procedimiento” que se disponían a realizar. Estas “omisiones” que el fiscal llama errores concluyeron con la muerte de Juan Carlos Quiroz, de 15 años, en circunstancias mucho más que dudosas y que han sido ocultadas por la mayoría de los medios de desinformación locales. Los pocos interesados en saber hemos tenido que conocer por un medio nacional, Clarín, que “El chico fue baleado a corta distancia, los policías abandonaron el lugar y regresaron a la comisaría, a pesar de que el adolescente había quedado tirado en el piso. Un vecino encontró el cuerpo y llamó al 911. La Justica no había sido alertada del operativo y recién tomo conocimiento con la aparición del cuerpo”.

Los que cometieron el “error” son Jorge Alberto Conde (48) y Daniel Alberto Fernández (44), pertenecientes a la comisaría segunda, a cargo en ese momento del titular del servicio, Eduardo Ledesma, hoy desafectado de su cargo.

Toda la comunidad de Pergamino, y sobre todo sus representantes políticos, no deberían sino repudiar este aberrante hecho que no puede dejar de calificarse como una violación flagrante a los DDHH de nuestros chicos, y que no hace sino confirmar que a pesar de purgas, desplazamientos, jefes relevados, ministros del Interior renovados, presidentes y gobernadores, la policía bonaerense continúa implicada en numerosos casos de gatillo fácil en los que, en su mayoría, son asesinados adolescentes que provienen de los estratos más humildes de nuestra sociedad.

Pero en cambio, un vaho putrefacto cubre la ciudad. Es el hedor del silencio, silencio que en realidad es una velada expresión de alivio: “uno menos” dirán muchos para sus adentros; otros menos hipócritas hasta lo dirán hacia afuera, pero no muy fuerte, porque su valentía solo les alcanza para horrorizarse en voz alta por los exabruptos de Maradona.

Cada vez son más las denuncias, investigaciones, sentencias y condenas que van develando la trama del gatillo fácil en toda la provincia, aunque es probable que nunca se tenga certeza de su total magnitud debido a la maquinaria de complicidades que dentro de las instituciones policiales han dejado varias muertes en el anonimato y sin castigo.

El nivel de impunidad con el que se manejan las fuerzas policiales en los sectores más desprotegidos de la población confirma que no es una anomalía, sino una práctica sistemática, heredera de aquella impunidad concedida a quienes fueron sus mandos durante la última dictadura militar. La policía de Buenos Aires continúa con las mismas prácticas arbitrarias, extorsivas y en muchos casos criminales. La cultura de esta fuerza de seguridad no ha variado desde la última dictadura cívico militar y su “caja chica” se renueva continuamente con el dinero obtenido por “servicios” de protección y encubrimiento de prostíbulos, por “favores” de ocultamiento de aquello que pudiera comprometer a algún prohombre local, por “adicionales” compuestos por lo que pueden sacarle a los pibes los fines de semana cuando salen y los “apretan” para que les den algunos mangos así no les “plantan” nada, o para que se libren de una biaba en la comisaría a la que los llevan con cualquier escusa. Por miedo, los chicos callan. Por miedo, los padres callan. Y así sigue girando la rueda sin fin del abuso de poder que muchos policías ejercen porque pueden, porque los dejan y porque tienen un arma y una estructura viciada de corrupción que los ampara.

Hoy, la práctica del gatillo fácil apunta contra toda la juventud, contra nuestros hijos, contra el motor y el futuro de nuestra sociedad fragmentada entre los de adentro y los de afuera, entre los de arriba y los de abajo, entre los conectados y los subalimentados, entre los llorados y los ignorados. Y no es este el primer caso de muerte dudosa de un adolescente a manos de la policía en Pergamino. Hace unos años, en la comisaría segunda y en dudosas circunstancias, murió el chico Roberto Castro mientras estaba dentro de un calabozo. Otros casos menos resonantes han quedado en la nebulosa de idas y vueltas judiciales y hasta políticas que han colaborado con el ocultamiento y la no resolución de esas muertes.

Hoy en Pergamino, ninguno de los que pide por más seguridad y se rasga las vestiduras cuando el Estado les saca parte de sus ganancias habla de Juan Carlos Quiroz, el pibe asesinado. Tampoco dicen nada de la contradicción que significa clamar por "más seguridad" y después hacer como que no pasa nada cuando los políticos para responder a ese reclamo, fogoneado por los medios, le ponen un uniforme y le dan un arma a cualquiera.

En un país donde el fascismo se trasviste de derecha, cualquier centro parece de izquierda. Y más allá de quién sea el que apreta el gatillo, esta democracia esquizofrénica e incompleta que vivimos los argentinos, habilita una y otra vez aquello que puede hacerla estallar. O sea: sostiene que la inseguridad es un problema, cuando en realidad es la solución que la cultura represora ha encontrado para prolongar la inequidad social por otros medios.

Hoy, los policías Conde y Fernández están acusados por homicidio calificado, mal desempeño de funcionario público y abuso de autoridad agravado. Pero nada le devolverá la vida a Juan Carlos Quiroz, de apenas 15 años, cuyo delito mayor parece haber sido estar en el lugar equivocado en el momento incorrecto.

“No tenemos que cuidarnos de nuestra infancia sino que tenemos que cuidar a nuestra infancia. Si a los pibes los recibimos en el país del hambre, la desnutrición, el frío y la intemperie, ¿cómo pretendemos que nos traten cuando se hagan adolescentes? Sabemos que los niños se vuelven humanos en condiciones humanas y salvajes en condiciones salvajes. Da vergüenza que algunos propongan como solución bajar la edad de imputabilidad. Lo que tenemos que bajar es el riesgo que corre la vida de estos chicos. Para resolver nuestra seguridad tenemos primero que construir un país que garantice la seguridad de ellos”.

Padre Carlos Cajade (1950 – 2005), miembro de la Comisión Provincial por la Memoria



Y en lugar de educarlos, los matamos...


El pasado martes 20 de octubre, Pergamino vivió una jornada negra luego de que dos policías asesinaran en un descampado a Juan Carlos Quiroz, de 15 años de edad, tras un “confuso episodio” en el que el joven resultó muerto de un disparo en el cuello.
El hecho en sí no fue más que un grosero caso de gatillo fácil que (no) rompió el automatismo de los pergaminenses quienes, en un primer momento, ya habían tildado al chico de 15 años de “pibe chorro” que “moría en la suya”.
Sin embargo, con el correr de las horas y a fuerza del grito de familiares y amigos se fue desvelando la trama del burdo asesinato cometido por los agentes Jorge Alberto Conde (48) y Daniel Alberto Fernández (44) detenidos por el delito de “homicidio calificado, en concurso real con el delito de abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario público”.
Todo comenzó cuando el lunes a la noche dos camioneros denunciaron el robo de la documentación del camión al dejarlo estacionado. Entre los papeles se encontraba el número del celular del chofer, quien el martes a la mañana recibió un mensaje de texto del supuesto ladrón, ofreciéndole la devolución de los documentos a cambio de dinero. El camionero comunicó lo anterior a la policía y accedió al pedido de dejar en las inmediaciones del club Banco Provincia un sobre con el monto solicitado.
Temiendo que los camioneros hayan alertado a la policía, Mauro Mena –nombre del malhechor quien hoy se entregó a las autoridades– pasó por un baldío aledaño donde los pibes del barrio estaban jugando un “picadito”. Según los mismos chicos, Mena habría ofrecido cien pesos para el que vaya a buscar un sobre a pocas cuadras.

“Se mandaron una cagada”

Juan Carlos accedió al pedido, llegó al lugar y vio el sobre. Lo abrió y estaba vacío. Lo tiró. Estaría desorientado cuando escuchó el auto que frenó de golpe y dos hombres de civiles que se bajaron a los gritos. Según la hipótesis, se asustó y trató de correr. Fue en vano. Las pericias dictaminaron que el disparo fue a corta distancia y que ingresó por el cuello dandole muerte al pibe que la rompía en la categoría ’94 del Club Atlético Douglas Haig.
No conformes con el asesinato, tanto Fernández –autor material del hecho–, como Conde, abandonaron el cuerpo de Quiroz en el terreno y volvieron a la comisaría. El fiscal que atiende en la causa, Guillermo Villalba, nunca fue comunicado del operativo y recién se enteró del suceso cuando un vecino vio el cuerpo de “Carlitos” y llamó al 911. Inmediatamente, los dos oficiales quedaron detenidos. Mientras tanto, Mauro Mena volvía a escribirle al camionero: “Se mandaron una cagada. Mataron a un inocente. Yo le había dado cien pesos para que vaya a buscar el sobre”.

Pergamino mata y remata.

Es el segundo día en que la familia y amigos se acercan a la fiscalía para reclamar justicia y no somos más de cincuenta personas. Está María, su madre y Sandra, una de sus hermanas. También los guachines amigos del barrio, que golpean bombos y redoblantes y gritan que Carlitos está presente y que se va a acabar esta maldita costumbre de matar. También los tíos y vecinos. Hay un cartel enorme con una foto de Juan Carlos en pose de jugador pisando la pelota con la remera de Douglas Haig y a su lado la imagen del Gauchito Gil. Dos amigos lo sostienen y gritan. Las pibas se abrazan en ronda y cantan justicia, justicia!. Una barrera de policías imagina que está en la Tercera Guerra Mundial. “No venimos a pudrirla, sólo queremos justicia”, me aclara Sandra. La madre llora y me dice que “Carlitos es inocente, el no sabía qué pasaba”. Los medios locales filman, preguntan y se van. La gente pasa caminando y sigue su rumbo, mira curiosa pero no se detiene ni aplaude. Los autos estacionados en esa cuadra ya no están. Tampoco están los colegios secundarios, los sindicatos, ni los docentes. Menos las autoridades y los vecinos del centro. No trascendió que Blumberg se haya solidarizado con la familia.
Carlitos cometió una ingenuidad y un delito. La primera al dejarse convencer y seducir de ir a buscar un sobre a cambio de unos mangos (¿Cuánto tiempo haría que Carlitos no veía un billete de 100? ¿Qué podría haber detrás de la simple búsqueda de un sobre?). El delito lo cometió al haber nacido en un asentamiento humilde, precario, lejos de las luces y del centro del corazón sojero del país. Y eso la sociedad de Pergamino no lo perdona, por eso no lo reconoce como suyo.
Pergamino mata a un hijo de su ciudad y lo remata con la indiferencia y el olvido.