lunes, 21 de septiembre de 2009

El asediado entorno de aprendizaje de la educación formal


Daniel Prieto Castillo

Hablemos en primer término de los alcances de la palabra "frontera". En una primera lectura, la asociamos a límites espaciales entre distintos países, a la manera de frentes que marcan el fin de un territorio y el comienzo de otro. Pero ese tipo de demarcaciones siempre fue relativo, ya sea por lo impreciso de ciertos terrenos, o porque tales divisiones fueron hechas sobre la mesa de algún ganador de la guerra.

Ejemplos tenemos por todas partes, desde la forma en que los ingleses dividieron países de Asia, hasta la geografía política inexplicable de África si no se recurre al modo en que la trazaron los europeos. ¿Qué sentido tiene traer ese esquivo concepto al ámbito de la educación? Queremos referirnos a las fronteras del aprendizaje en el marco de la ya clásica división entre educación formal, no formal e informal.

Cuando se comparan las transformaciones de distintas profesiones, tomando como referente el siglo XVIII, es posible encontrar diferencias profundas: el gabinete del médico con apenas algunos recursos, frente a la tecnología del presente; el escritor con una pluma embebida en un frasco de tinta, frente a la computadora con la que ahora redacto estas líneas.

A lo largo de más de doscientos años han ido variando con fuerza los espacios, los objetos, las maneras de relacionarse con ellos, con una excepción: el ámbito de clases sigue siendo el mismo: bancos alineados, un escritorio y un pizarrón al frente. La educación formal marcó con mucha precisión las fronteras del aprendizaje y las ha mantenido hasta hoy. Me refiero al aula.

Uno de los mayores reclamos, constante por todas partes, es: "necesitamos aulas", lo que significa "necesitamos más lugar para contener a un mayor número de alumnos", pero siempre con las fronteras bien sujetas a la vieja estructura que permite, todavía, dar clases.

Un entorno constante: el aula
Ese territorio del aula constituye un entorno de aprendizaje, un entorno constante, de más de dos siglos de permanencia. Vivimos hoy una vertiginosa sucesión de transformaciones que cuestionan de año en año ese territorio. Partamos para un primer análisis del concepto de "e-learning".

El buscador Google nos propone 115 millones de sitios para aclararlo, una verdadera selva que nos llevaría largo tiempo desbrozar. Si nos atenemos al significado textual, hablamos de "aprendizaje electrónico", pero tal aclaración no nos alcanza para nada.

Veamos otra línea de análisis, ligada a nuestra búsqueda en el campo de las fronteras. Dice Peter van de Pol, colega holandés dedicado a esta temática: "e-Learning es la ampliación del entorno de aprendizaje más allá de sus tradicionales límites físicos, geográficos y temporales, a través del uso de tecnologías digitales en red".

En ese sentido, las tecnologías digitales han llegado para abrir el entorno de la educación formal en todas direcciones. Hay grados en tal camino. Una primera alternativa corresponde al esfuerzo de subir a la Red el programa de una asignatura, más los contenidos, más algunas prácticas de aprendizaje. Así, la ampliación del entorno comienza a producirse de a poco, sin abandonar la presencialidad, sin dejar la palabra del educador y el espacio de los bancos alineados como hace dos siglos.

De allí en adelante pueden darse muchos pasos: búsquedas en la Red sugerida a las y los estudiantes, intercambios de experiencias entre ellos, aprendizaje no sólo de la palabra oral o escrita, con todo lo que ofrece la multimedialidad. Hasta llegar a un entorno basado casi en su totalidad en tales tecnologías.

Podríamos detenernos en este punto y dedicar el resto del texto a hablar de lo que significan esas innovaciones con relación a nuestros establecimientos educativos. Pero sucede que hay otros entornos de aprendizaje que están siendo conmovidos en lo profundo en los últimos años. Me refiero a las fronteras de la educación no formal.

La educación no formal
Si nos atenemos a la caracterización de Coombs, esta última conforma un espacio más abierto, en el cual no se trabaja con un currículo estructurado, ni con horarios, ni con toda la organización de los establecimientos presenciales. Se trata del mundo de los cursos, campañas, materiales de capacitación, propuestos para acompañar demandas de la gente para solucionar problemas cotidianos.

Pensemos en los mensajes dirigidos a concientizar a la población sobre problemas de salud. O en diferentes líneas de la educación de adultos, o en los encuentros de escuelas para padres, o en catequesis, o en programas dirigidos a productores rurales para que incrementen la producción.

Tal educación alcanzó su máximo desarrollo en el uso de la radio en América Latina. Pienso en los recientes cincuenta años de Radio Santa María, en República Dominicana, una emisora dedicada a la educación con cursos basados en el audio y materiales impresos; pienso en el Instituto Costarricense de Educación Radiofónica, ICER, con sus hermanos IGER en Guatemala, IHER en Honduras, pienso en centenares de radios que conforman la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica, ALER, por mencionar sólo algunos eslabones de esa preciosa cadena de educación no formal en nuestra región.

El entorno de aprendizaje se amplió a través de ese medio y permitió recuperar voces de las comunidades, cultura, formas de percepción y lenguaje. Por fuera de las aulas, se hizo y se hace educación con un vigor sostenido a lo largo de años.

De acuerdo, puede decirse. La radio se convirtió en un entorno ampliado de aprendizaje para sectores carenciados de la sociedad, es allí donde se puede apreciar el valor de la educación no formal. Sí, pero sucede que el alcance de esta se ha extendido al infinito con las tecnologías digitales, y no sólo para tales sectores. Propongo un ejercicio: pedirle al buscador Google la palabra tutorial.

Acabo de hacer eso en este momento, en ocho segundos el motor me anunció la existencia de 113 millones de sitios en inglés y en español. Imposible adentrarse en esa selva, pero podemos plantear algunas hipótesis: alrededor de un cincuenta por ciento de semejante cifra corresponde a cuestiones generales acerca de lo que significa un tutorial: teorías sobre ese tipo de práctica, metodologías, historia, recursos más usuales; el otro cincuenta por ciento (siempre como hipótesis) corresponde a cursos. Es decir, estamos frente a un número cercano a los 60 millones de ofertas de capacitación para trabajo no formal a distancia, algo que hace poco más de 15 años no existía.

Las fronteras del entorno de aprendizaje de la educación no formal se han ampliado al infinito a través de la Red, mientras que las de la escuela siguen sujetas a la posibilidad de contar con más aulas, con más bancos, con más lugares para la presencialidad. Y lo han hecho para todos los públicos del mundo, sea cual fuere su clase social, su edad, su cultura. Se habla hoy con fuerza del retorno del autodidactismo, de la posibilidad cierta de aprender de todo por fuera de las viejas estructuras en las que nos formamos quienes compartimos esta sala.

El poder educativo del contexto
De la mano de la educación no formal, la desescolarización llama a la puerta de nuestras instituciones. Nos queda todavía por abordar un tercer ámbito desde el cual el llamado es todavía más fuerte: la educación informal. Es sabido que las posibilidades de aprendizaje no se reducen a las dos instancias que vengo analizando.

La humanidad se ha sostenido por siglos y siglos a través de la educación informal, propia de las relaciones en las que nacemos y crecemos, de la vida cotidiana en la familia, en el barrio, en la ciudad, y también de la oferta de la cultura mediática.

El poder educativo del contexto es inmenso. Y la necesidad de aprenderlo para relacionarse, para ser alguien en él, tiene también una fuerza enorme. Hasta la década del '60 la educación informal se mantuvo en los límites de la familia y de los espacios más cercanos a ella. Aprendíamos desde una vida cotidiana de dimensiones reducidas, con un alto grado de previsibilidad, sin mayores variantes a lo largo de años.

El gran salto de la ampliación de los entornos de aprendizaje estuvo dado en esa instancia por el crecimiento de las ciudades y por la irrupción de la cultura mediática, que no ha dejado de desarrollarse y de introducir variaciones en los últimos cincuenta años. No insistiré aquí en la influencia de modelos sociales, de soluciones a problemas, de una violencia instalada en multitud de programas, de la cultura de la pavada y de la "joda". Los medios de comunicación representan lo que se ha dado en llamar una "enseñanza que no se ve", como afirma Toni Cuadrado Esclapez.

Pero no se terminó allí esa fantástica ampliación del entorno. Uno de los elementos básicos del aprendizaje está representado a escala planetaria por el juego. La ya clásica obra de Johan Huizinga Homo ludens, nos orienta para comprender el alcance de esa forma de socialización propia de la vida cotidiana y de todo el ámbito de la educación informal.

En el espacio virtual la multiplicación de alternativas para jugar ha sido vertiginosa. Sólo en videojuegos el buscador me señala en este momento alrededor de cien millones de sitios.

¿Cuál es el uso privilegiado por niños y jóvenes de la realidad virtual? Hay dos respuestas que abarcan buen parte de dicho uso: jugar y comunicarse. ¿Y para aprender? Respondamos: a la manera en que entendemos esto último, poco todavía, pero jugar y comunicarse son fuentes incesantes de aprendizaje.

A ello se añaden procesos de socialización, permitidos por los juegos en red y por las redes de círculos de amistades propias de recursos como Facebook. La educación informal ha dejado los límites en que crecimos los migrantes digitales para abrir entornos de aprendizaje a escala planetaria.

Pero hay ámbitos que sufren una influencia muy fuerte de tales procesos. La expansión planetaria de la comunicación y la educación informal provoca que la escuela, desde la primaria hasta la universidad, vaya quedando de más en más cercada. No sólo se trata de un cerco, porque el mismo es penetrado a diario.

Recordemos lo que ocurre con la lucha contra el uso de celulares en las clases, con las maneras de manejar el lenguaje, con la violencia que se nos cuela por todas partes, con la imitación de modelos sociales, con la tendencia a creer en el milagro de un golpe de fortuna para ser alguien, frente a lo que significan la disciplina y el esfuerzo para sacar adelante los estudios. Y sobre todo, la queja constante referida al aburrimiento en un espacio que te inmoviliza y que te fuerza a escuchar, escuchar y escuchar.

¿Podemos seguir hablando de fronteras en nuestro tiempo? Un ser humano aprende a lo largo de su vida de las tres instancias, para bien y para mal. Ya no es posible concebirlas como bloques separados, como ámbitos impenetrables. Las fronteras se adelgazan, se quiebran, se llenan de puentes, se entremezclan aquí y allá. ¿Asistimos a la creación de un inmenso territorio en el cual todos aprenderemos de lo que nos rodea, sin distinguir si se trata de lo informal, lo no formal y lo formal?

Experiencias pedagógicas decisivas
Quiero proponer una defensa de esta última instancia, no por el lado del aislamiento ni de la creación de murallas dirigidas a defenderse de ataques venidos de todas partes. Necesitamos reconocer, recuperar, relanzar lo que nos hace diferentes, lo que constituye nuestra identidad como espacios de educación formal. No para rechazar nada, no para negarnos a todo lo que nos llega desde las otras, sino para recibir lo que puedan aportarnos desde bases firmes.

Bienvenidas las tecnologías digitales, bienvenida esta ampliación al infinito del entorno de aprendizaje. Pero bienvenidas desde lo que puede lograrse en el trabajo para concretar experiencias pedagógicas decisivas. Ya no nos podemos legitimar a través del mero hecho de estar juntos en un aula, como si ello fuera sinónimo de mejor educación.

Llamo experiencia pedagógica decisiva a un encuentro entre maestros, aprendices y otros miembros de la comunidad educativa y social, basado en la vivencia de prácticas (sostenidas en metodologías y conceptos) que marcan en lo profundo a cada participante, en lo intelectual, en lo emocional y en su vida toda. Nadie es el mismo luego de ese tipo de experiencias.

Bien. De acuerdo, podrán decirme. Y preguntarme: ¿dónde están esas experiencias? En muchos sitios de nuestro país y de otros de América Latina. He hablado de una de ellas en una edición anterior de este suplemento: la Escuela Juan Kairuz de Palmira, en el plano de la educación formal.

También he aludido al Movimiento de los sin Techo de Santa Fe, con un trabajo precioso en educación no formal. Y añado ahora la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI, fundada en 1995 por Gabriel García Márquez, que ofrece talleres de periodismo a cargo de grandes maestros del oficio, capaces de recrear el aprendizaje informal (esas "cátedras apasionadas y ambulatorias" como dice nuestro escritor) de las viejas redacciones en una de las cuales tuve la dicha de crecer como periodista.

En las tres instancias es posible pensar en experiencias pedagógicas decisivas. Para la educación formal se trata de una cuestión de supervivencia.

Si no avanzamos en ellas, si no construimos entornos en los cuales nuestros estudiantes, y nosotros como educadoras y educadores, seamos parte de encuentros que nos marquen muy hondo en lo intelectual, en lo emocional y en la vida toda; si no ampliamos el viejo entorno para crear comunidades de aprendizaje y de convivencia, poco y nada podremos hacer para dialogar, para diferenciarnos cuando sea necesaria la ampliación al infinito de los ámbitos de la educación no formal y de la informal.

Documento emitido a favor de la Ley de Medios-Pergamino

RICARDO FOSTER -Encuentro Movimiento por una Educacion Nacional y Popular


De lo que se trata es de juntar tradiciones,de lo que se trata es saber dónde se está situado, cuál es el lugar preciso desde el que partimos, cuál es el humus sobre el que estamos parados para recoger esas tradiciones.
¿Pero de qué manera se refunda una tradición cultural popular que no renuncie a la densidad de la cultural, a la densidad de los lenguajes? Porque hoy hay que dar una batalla,también, contra la barbarie cultural, contra los lenguajes que son lenguajes del vacío, de la rapiña, de la estupidez. Lenguajes que construyen un sentido común que se está devorando, precisamente, la capacidad crítica de los individuos en el interior de nuestras sociedades.
Por lo tanto es fundamental ser capaces de recoger, de recoger tradiciones, de interrumpir el discurso monótono de los medios de comunicación. Pero, También, es fundamental percibir que lo que estamos disputando nuevamente es el sentido, estamos disputando el sentido. ¿Cómo es posible que se hayan apropiado de símbolos populares?, ¿cómo es posible que la pobreza se convierta,entre comillas, en reivindicación de las derechas reaccionarias?
Haber convertido a cosa a la pobreza, haber transformado en objetos a los pobres o haberlos reducido simplemente a pobrecitos es uno de los grandes triunfos del dispositivo neoliberal. Porque es la manera a través de la cual el sistema se corre del miedo que le producía el pobre, para hacer del pobre aquél que estira la mano para recibir una dádiva. Las tradiciones populares, emancipatorias, latinoamericanistas, nacionales, democráticas siempre concibieron que el núcleo transformador de este continente está allí, donde todavía en el lugar, en el lugar de la debilidad, en el lugar de la obligación está, sin embargo, el lugar del futuro.
Ricardo Foster

Documento Fundacional del Movimiento por la Educación Nacional y Popular

Hoy es el momento de la política educativa

Para qué nos constituimos
El Estado y los gobiernos pueden facilitar u obturar los procesos de desarrollo social de los pueblos. También la sociedad tiene responsabilidades al respecto, en tanto habilita o cierra procesos de cambio, ya sea de manera activa o absteniéndose de participar.
Las intenciones transformadoras necesitan sujetos colectivos que las encarnen reflexivamente. Los protagonistas de una educación emancipadora, basada en la justicia social y comprometida con nuestra Nación y con la región latinoamericana, deben construirse con el Pueblo y en el seno del Pueblo: este Movimiento emerge con el objetivo de convocar, interpelar y ayudar a la organización de nuestro Pueblo como protagonista del cambio educativo.
Nuestras sociedades desbordan de excedentes y riquezas, materiales y simbólicas, de los que no pueden apropiarse plenamente. Necesitamos desarrollar herramientas conceptuales y estrategias prácticas para observar y dar cuenta de los nuevos fenómenos sociales, educativos y tecnológicos de nuestro país en el marco latinoamericano. Una misma cultura con diferentes capacidades endógenas, puede tener múltiples desarrollos posibles. Conocimiento, memoria y prospectiva, pueden articularse en el reconocimiento de los múltiples sujetos en formación -niñas, adolescentes, jóvenes y adultos- para crear una masa crítica favorable a la distribución de poder en nuevos espacios públicos interculturales.
Por todo ello somos conscientes de la necesidad de aunar esfuerzos entre quienes siempre estuvieron dispuestos a apoyar la reconstrucción de la educación. A poner el hombro para mejorar las escuelas, los institutos de formación docente y técnica y las universidades, a dar una mano a quienes han quedado afuera. Hablamos de las mujeres y los hombres, los maestros y profesores, los alumnos, las mamás y los papás, los familiares, los vecinos de nuestros barrios, los ciudadanos, la mayor parte de los que siempre están presentes ofreciendo su esfuerzo y sacrificio.

De dónde venimos
Suele decirse que el antecedente inmediato de la Ley Federal de Educación (LFE) de 1993 fue la Ley 1420. Sin embargo, la alteración de los principios de una educación democrática, común, laica, popular y universal, encuentran su antecedente en el avance privatista que comenzó con la Revolución Libertadora de 1955 y dio lugar a el enfrentamiento conocido como “laica o libre” de 1958. Pero el acontecimiento más reciente y definitorio fue la resolución del Congreso Pedagógico de 1985 que legitimó una antigua idea liberal: que la educación pública puede ser indistintamente privada o estatal. En ése concepto se apoyó la operación de desvalorización de la educación pública o estatal, que había sido tan apreciada por la sociedad argentina durante más de un siglo, para establecer un campo confuso, en el cual se diluyen las responsabilidades. De ese modo los principios contenidos en la LFE abrieron la posibilidad de penetración del mercado en el campo de la educación pública, perjudicando tanto a la educación estatal como a la educación privada de interés social. Por su parte, el Movimiento por la Educación Nacional y Popular se reconoce heredero de la tradición nacional, asumiendo como antecedentes los aspectos democráticos de la legislación educativa de la década de 1880 y los aportes del socialismo, el Movimiento Reformista de 1918, la orientación político- pedagógica y el reordenamiento legal que produjeron los tres primeros gobiernos peronistas (1946-1952; 1952-1955; 1973-1974), en especial en la concepción de la Constitución de 1949, en la Reforma de la enseñanza media de 1946, de la obra educativa del gobernador Víctor Mercante, en las instituciones de la asistencia social que hacían pie en el sistema, como la Sanidad Escolar, en el fomento del cooperativismo escolar, en la organización de la formación profesional y la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP), en la promoción de las escuelas-fábrica, de la Universidad Obrera Nacional, en la gestión educativa del Ministro Jorge Taiana (1973-1974), en particular en la Dirección Nacional de Educación de Adultos (DINEA) y en la reforma universitaria de esos años.
Es en esa línea sucesora en la que se ubicó la fundación de la Confederación de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) y la lucha de los docentes de la década de 1990, con jalones como los de la Marcha Blanca (1988) y la Carpa Blanca iniciada (1997). Cuando la fuerte reducción de la responsabilidad del Estado y de la inversión en educación avanzó hegemonizando la política educativa, encontró tibias o sectarias resistencias y abiertas acogidas por parte de los gobiernos de la región.
En la Argentina, mediante la nefasta Ley de Transferencia de 1994, se desintegró el sistema educativo nacional, que culminó el proceso de entrega sin financiamiento de los establecimientos a los gobiernos provinciales promovido por la dictadura militar mediante la transferencia de las escuelas de nivel primario e inicial. Pero el gobierno neoliberal del presidente Carlos S. Menem no pudo llevar su programa -que acordó y monitoreó con los asesores del Banco Mundial- hasta las últimas consecuencias, consistentes en municipalizar las escuelas y luego entregarlas al mercado, para vender y comprar libremente la educación.
La CTERA junto con los grandes sindicatos latinoamericanos de trabajadores de la educación, opuso una resistencia firme al avance de la flexibilización de sus empleos, pero esos movimientos no encontraron actores a los cuales asociarse para construir un sujeto de cambio social. La lucha de la CTERA, sin embargo, encabezó y ordenó a los diferentes sectores que rechazaban el neoliberalismo educativo y resistió la desintegración completa de la educación pública que, aunque herida, mantuvo una masa crítica suficiente para su reconstrucción, hecho que se evidenció en el mantenimiento del Estatuto del Docente, que es una de las normas más atacadas por el liberalismo y el neoliberalismo, y en el sostenimiento del derecho de los docentes a ser los actores principales de cualquier reforma o actualización.
Sin embargo, debe consignarse que la reforma menemista logró instalar una tecnoburocracia en los organismos de conducción de la educación y encontró en algunas provincias el apoyo de sectores docentes y políticos que, aunque minoritarios en el país, fueron instrumento de la aplicación de la estructura que impuso la Ley Federal de Educación y son los que resistieron su derogación.
Es en la inspiración de las tradiciones nacionales y populares, donde, fundamentalmente en las últimas décadas, vimos surgir múltiples experiencias del campo educativo, es decir en el más allá de la experiencia propiamente escolar. Estas experiencias y proyectos intentan ser, junto a la lucha de muchos docentes en el sistema educativo formal, el germen de un proyecto educativo más amplio e integrador. Este proyecto está encarnado en numerosos jardines comunitarios, centros de apoyo escolar, centros de alfabetización, centros culturales, talleres de emprendedores y productores, bachilleratos populares, entre otras, desde la experiencia de organizaciones y movimientos sociales.

Con qué confrontamos
La mercantilización de la educación caló hondo y siguió caminos perversos. Entre los efectos principales de la interminable década del noventa podemos mencionar:
El analfabetismo que se instaló y creció progresivamente, alcanzando niveles impensados en décadas atrás.
La restricción de la universalidad de la educación por la no inclusión por parte de la escuela pública de significativos sectores populares.
La proliferación de una educación de élites en territorios exclusivos.
La corrupción de orden económico y el clientelismo que se instalaron en los lugares estratégicos del funcionamiento del sistema, encontrando complicidades inesperadas y mostrándonos una situación inédita, horrorosamente antagónica con la ética y los principios que identificaron tradicionalmente al docente.
La incorporación al sentido común de la pérdida de prestigio de la escuela pública y la migración preocupante hacia ofertas privadas de distinta y, en ocasiones, de dudosa calidad educativa.
La aceptación de un mercado de títulos y capacitación que en otra época hubiera sido considerado inmoral por la gran mayoría de los argentinos.
El fortalecimiento de fundaciones y centros de producción programática sostenidos por el empresariado neoliberal que ponen especial interés en la educación y su prospectiva. Esos grupos intentan influir tanto en las políticas estatales, procurando medidas de liberalización al “mercado de la educación”, como obtener recursos para su propia subsistencia del propio Estado al que tratan de desgastar.
El desmantelamiento y la supresión lisa y llana de las instituciones estatales de asistencia social y educativa.
El cambio de sentido de la educación técnica, profesional y agrotécnica, desnaturalizando el vínculo entre el sistema educativo y la transmisión de saberes socialmente productivos.
El no reconocimiento de la legitimidad de las experiencias sociales y comunitarias de educación y su desintegración respecto del sistema educativo formal.

Caracterización del momento
Entendemos que los primeros pasos para revertir los nefastos resultados de las políticas educativas de los 90 fueron dados desde el 2003 en dos grandes direcciones. Por un lado, el incremento del presupuesto educativo, con una importante recomposición del salario docente que ubica al sector entre los que más han recuperado su valor adquisitivo en el momento presente. Ello pone nuevamente a la educación en condiciones de ser uno de los ejes principales de la inclusión social y el fortalecimiento de la democracia, recuperando en forma sostenida el valor de la tarea docente y la escuela pública como garante del acceso de todos y todas al conocimiento.
Por otro lado, la derogación de la Ley Federal, y la producción de un nuevo marco jurídico normativo fueron realizadas en base a la más amplia participación y consulta, tanto en el nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires (la primera que en 2007 adecuó su legislación a los lineamientos de la LEN). Específicamente, la sanción de leyes de Financiamiento Educativo, la Educación Nacional, la de Educación Técnica y Formación Profesional y la de Educación de la provincia de Buenos Aires crearon el marco jurídico normativo necesario para una recuperación del sistema educativo nacional.

Las problemáticas centrales
Están sentadas las bases para la profunda reforma que debe llegar a cada escuela, a cada instituto y a cada universidad del país. Es la hora de unir nuestras manos para transformar la ley en acciones. Es necesario que se apliquen políticas universales que garanticen la educación común y el respeto a las diferencias; que se erradique la concepción neoliberal de intervenciones focalizadas, en muchos de los cuales el Estado evade su responsabilidad y delega el abordaje de los más profundos problemas educativos a fundaciones privadas o se restringe a micro experiencias sin atender a los grandes sectores sociales que demandan educación.
La educación media y la formación docente, son núcleos cruciales de los problemas que afronta la educación nacional. Hay que tomar el toro por las astas y por fin realizar la profunda reforma que reclama la educación secundaria, cuyas insuficiencias impactan en el destino de los jóvenes y en sus condiciones para acceder y cursar exitosamente la educación superior. Se requiere profundizar las acciones que se vienen llevando a cabo en la formación docente avanzando, significativamente, en la equiparación de los institutos docentes y tecnológicos de nivel superior con las carreras universitarias afines. Y recuperar en la formación docente la profundización del pensamiento pedagógico popular y latinoamericano.
En los últimos cinco años se construyeron más de 700 escuelas; se requieren mil más pero, también, debe ser prioridad la reparación de las existentes, para garantizar una infraestructura adecuada, calefacción, patios, conectividad, es decir, seguridad escolar también en sus edificios.

Debemos lograr:
Que cada alumno cuente con los libros, acceso a Internet y materiales didácticos que requiere.
¶ Que la capacitación docente sea en servicio, gratuita, con puntaje y obligatoria.
¶ Que se avance en la unificación de cargos en todos los niveles, para lograr en cada escuela el trabajo en equipo y mejorar el vínculo entre los docentes y los alumnos.
¶ Que la acción convergente de los sindicatos, los gobiernos Nacional y provinciales y los diversos actores de la sociedad civil alcance acuerdos que garanticen condiciones de trabajo estables, con una remuneración justa.
¶ Que se avance en el desarrollo de la educación de jóvenes y adultos, de quienes están en contextos de encierro, de los que residen en las áreas rurales.
Que el Consejo Federal de Educación potencie su tarea de representación de las provincias, a la vez que potencie su esfuerzo por acordar los términos y las acciones de la educación nacional.
Urge dictar una nueva Ley Nacional de Educación Superior (LeNES), que sustituya a la ley neoliberal, dictada en 1994 por el gobierno de Menem. Dicha ley deberá afirmar el carácter de Derecho Social y bien público de la educación, oponiéndose a la resolución de la Organización Mundial del Comercio que la clasifica como un bien transable.

En este sentido, en la nueva LeNES debemos trabajar para:

¶ Reubicar al Estado como el principal responsable, planificador, proveedor y evaluador de la educación superior y diseñar los mecanismos que garanticen la articulación del conjunto de las instituciones del nivel (institutos, centros, universidades).
¶ Instalar un sistema de acreditación y reconocimiento de los estudios completos o incompletos cursados, que permita un amplio tránsito de los alumnos por el sistema.
¶ La LeNES deberá incluir mecanismos que garanticen el bienestar estudiantil, tales como un sistema de becas, comedores, residencias, orientación vocacional y pedagogía universitaria, entre otros.
¶ Deberá promover una genuina articulación con la producción científica y tecnológica, vinculada al desarrollo nacional y desterrando las prácticas mercantilistas y privatistas que se han instalado en este nivel y en muchas instituciones universitarias. Para ello debemos pugnar por mantener y acrecentar el financiamiento público sobre este sector, respetando la autonomía y la autarquía inscriptas en la Constitución Nacional, para las universidades públicas que son organismos del Estado Nacional.
Esa ley requiere ser construida en consulta y diálogo con todos los sectores del ámbito universitario y las diversas organizaciones sociales y del mundo productivo necesariamente vinculado a ella.
Entendemos que es el momento de avanzar en políticas transformadoras que, inscribiéndose en la larga tradición de la educación popular latinoamericana construyan alternativas pertinentes y viables en la actual coyuntura, con perspectivas de mediano y largo plazo para alcanzar una verdadera democracia pedagógica desde una perspectiva emancipatoria.
Prospectivas de largo y mediano plazo
En ese escenario, el Movimiento por la Educación Nacional y Popular se constituye como un espacio amplio de convergencia de diversos sectores vinculados al campo político educativo que comparten visiones popular-democráticas.
Consideramos que esa voz presente en la experiencia histórica argentina – en el escenario latinoamericano – no tiene su poder sólo, ni principalmente, en su capacidad de financiamiento o en la posición de lugares en el aparato de poder del Estado. Una de sus principales fuerzas es:
La constitución de una voz que en conjunto elabore lineamientos de política opuestos a las perspectivas mercantilistas y superadores de las propuestas tecnoburocráticas.
La elaboración de un posicionamiento que genere una corriente de opinión y que se identifique con la larga lucha por la educación popular latinoamericana que simbolizan Simón Rodríguez, Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Paulo Freire, entre otros.
Ellos no encuentran fácilmente espacio en los ámbitos del sistema escolar o en los espacios académicos, pero están persistentemente presentes en la memoria colectiva, en los intersticios de lo social, en las luchas cotidianas de los educadores populares y comunitarios, en los márgenes de los libros, en los estantes velados de las bibliotecas, en las prácticas de maestros y maestras cuando cierran la puerta del aula o la escuela y juegan su juego libre de inscripción de los nuevos en la sociedad que los recibe, o los profesores cuando apuestan fuerte a la sobrevivencia y transformación por vía de su trasmisión responsable, comprometida, adulta, y en el pensamiento de muchos maestros, profesores y académicos.

El Movimiento se constituye así como un espacio con capacidad de producción de políticas en el espacio público que activarán potencialidades educativas de nuestro Pueblo.

El Movimiento por la Educación Nacional y Popular, a su vez, se constituye como la voz de aquellos que trabajan por la educación popular en ámbitos diversos, reconociendo la educación como horizonte de posibilidad de emancipación que amplía las fronteras del espacio escolar. Así, el Movimiento convoca a todos aquellos interesados en discutir las estrategias político educativo y pedagógico destinado a la educación, desde los más chicos hasta los adultos mayores.
El problema educativo, con más fuerza que en otros sectores, es un problema político, y se resuelve en el marco de proyectos de mediano y largo plazo. Pero si el trabajo del educador es finalmente la constitución de sujetos libres, creativos, políticos, el vínculo de esa actividad con la política no es de determinación sino de diálogo de ida y vuelta imprescindible. Un proyecto transformador, radicalmente democrático, sólo será posible si está encarnado profundamente en la cultura política, en las conciencias individuales, en la subjetividad de las jóvenes generaciones.
La educación afronta un nuevo compromiso político.

En síntesis:
El Movimiento por la Educación Nacional y Popular nace como una voz propia, argentina y latinoamericana. Convoca al conjunto de trabajadores de la educación, educadores populares, intelectuales, militantes, funcionarios, académicos, luchadores sociales, comunicadores, estudiantes, familiares, con el objeto de integrarse a un espacio de participación desde el cual luchar por una política educativa signada por las necesidades del Pueblo, de la Nación y de América Latina.

Grupo de redacción del Movimiento por la Educación Nacional y Popular